miércoles, 2 de septiembre de 2009

“Lloramos por ti nuestro Ararat”

Diario Armenia- Edición 3 de Septiembre de 2009
Opinión



Como un inesperado mazazo llegó este lunes la infausta novedad: Armenia y Turquía habían convenido en Suiza el establecimiento de dos protocolos cuya aprobación por los respectivos parlamentos llevaría a la apertura de fronteras y restablecimiento de las relaciones. ¡Cómo se nos mintió! El gobierno armenio y sus representantes en el exterior afirmaron hasta el cansancio que no había precondiciones previas cuando ahora queda claramente establecido que las hubo y que las mismas son fatales para las aspiraciones de justicia del pueblo armenio. Mediante una medida carente de toda legitimidad, el gobierno armenio acepta incluir una cláusula que reconoce como definitivas las actuales líneas fronterizas comunes, clausurando todo derecho a reclamo posterior sobre nuestras históricas tierras ancestrales, aquellas que regadas con la sangre de nuestros hermanos permanecen custodiadas por un Ararat al que ya no tendremos derecho. Una decisión teñida de vergüenza que nadie en su sano juicio podrá justificar jamás. La ¿ingenuidad? de los gobernantes armenios no tomó en cuenta la hipocresía turca que, al mantener vigente una ley como la 301 que castiga a quienes aceptan la existencia del Genocidio Armenio, ya anticipa la postura de aquellos expertos que designará en la comisión que “estudiará aspectos históricos comunes”. Una ambigua y traicionera denominación que oculta la verdadera intención de Ankara: negar el crimen cometido contra el pueblo armenio.
Cuanto más le tendremos que creer a nuestro presidente, a nuestro canciller y por consiguiente a nuestro embajador, ese mismo que ahora está recibiendo instrucciones de su jefe para tratar de calmar a los armenios de Sudamérica. Cuantas veces más nos engañarán con oscuros cantos de sirenas sobre sus buenas intenciones.
Los gravísimos errores de la política exterior armenia son propios de inexpertos funcionarios que quedaron atrapados en el barro de sus equivocadas decisiones. Largos años de esfuerzos de los luchadores de la Causa Armenia quedaron ahora en serio peligro por las enormes contradicciones que genera día a día Ereván.
Las precondiciones eran reales y concretas, dos de ellas están reflejadas en los protocolos. La tercera, la cuestión karabaghí, está explícita en las declaraciones de los jerarcas turcos que aseguran que ningún acuerdo surgirá hasta tanto Bakú no vea resuelta a su favor la controversia sobre Artsaj. Alguien puede creerles ahora a Sarkissian y compañía, que Karabagh no está en discusión. Nadie.
Más aun, hace apenas dos días, el jefe de estado armenio afirmaba estar decepcionado por la falta de resultados en las negociaciones con Ankara y anticipaba que no iría a Bursa para presenciar el próximo match de fútbol entre ambos países. Pero, como siempre, la realidad supera la ficción, apenas horas después de esas declaraciones, explotó esta noticia. ¿Qué paso? ¿Hubo presiones? O todo fue una representación teatral como las que ya estamos acostumbrados a protagonizar como espectador defraudados.
Desde el dolor que nos ocasiona esta situación a todos los herederos de las víctimas del Genocidio, desde la frustración de quienes desde las comunidades estamos haciendo patria, velando por nuestra identidad y reclamando por nuestros derechos, nos preguntamos. ¿Qué derecho tiene el gobierno de Sarkissian de echar en tierra todas nuestras esperanzas, qué derecho le asiste para decidir por nuestro futuro?
Es imperdonable lo actuado. El pueblo armenio despertará alguna vez y dejará de seguir detrás de dirigentes que sólo piensan y actúan de acuerdo a sus propios intereses. Tal vez ello suceda algún día, mientras tanto los que sufrimos la armenidad desde el resto del mundo no nos queda más que llorar por nuestras tierras santas, llorar por nuestro Ararat, llorar por la memoria del millón y medio de mártires ultrajada por quien se arrogó el derecho de arrebatarles hasta el último anhelo de justicia.

Jorge Rubén Kazandjian

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